"La Ruta de Tombuctú"

"La Ruta de Tombuctú"
Mesa de trabajo con Mapamundi de los Cresques ó "Atlas Catalán" 1375

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Artículo "Flamencos de Tombuctú"

“De Tabancos, tapas, vino de Jerez y libros”
  -Al término de una jornada de trabajo en la librería Flamencos de Tombuctú, rodeados de títulos que hacen referencia a las costumbres de estas tierras, a su historia, a sus artes, a su cultura en definitiva. Libros que nos hablan de flamenco, de paisajes que parecen sacados de un lienzo romántico o por lo delirante de una pintura del Bosco, de historias verdaderas tan apasionantes que se antojan inverosímiles como la epopeya de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, hasta que no se demuestre lo contrario un jerezano, que recorrió a pie gran parte de los territorios que hoy conforman el suroeste de los EE.UU. de Norteamérica, y que a juicio de lo que escrito dejó, debió comer de todo cuando la ocasión se presentó, acuciado por el hambre y la sed en su larga marcha; con qué buena disposición habría recibido unas buenas cuñas de queso en aceite, una hogaza de “pan de campo” aún caliente, y para suavizar el gañote aliviando la sed y de paso templar el espíritu, un vaso de vino de la tierra; y qué honores no hubiese rendido a una “berza jerezana”. Libros y más libros, muchos sobre cocina, materia para la que siempre tenemos presente el asesoramiento y los buenos consejos gastronómicos de Ángel Taboada, uno de los más sobresalientes chefs que haya parido estas tierras del sur, y al que a buen seguro volveremos en repetidas ocasiones. También sobre vinos, los del marco y otros lares, que de todo hay en la viña del Señor. Hasta qué punto está la literatura y la cultura en general  ligadas al vino. Sin entrar en apologías al consumo, pues como decía un viejo conocido ”el vino hay que saber beberlo y luego mearlo”, sí en cambio es de reconocer al menos cierta relación. Ahí quedan grandes amantes de Atenea y de Baco, Shakespeare y Cervantes, que a buen seguro dieron buena cuenta de éste en tabernas y ventas mientras escribían. Y sin olvidarnos del comer, viene a la mente un dato histórico que a propósito se ha de citar tomando prestada para esto una anotación final incluida en “EL  gran   libro de la tapa y el tapeo” de Enrique Becerra, (Editorial Almuzara, 2009): “Este libro se terminó de imprimir a principios de marzo de 2009. En torno a estas fechas, tras la toma de Jerez en 1264, el rey Alfonso X el Sabio, repuesto de una afección reciente que le obligó a alimentarse mediante pequeñas cantidades de alimento entre horas acompañadas con sorbos de vino, dispuso que los mesones de Castilla despacharan siempre el vino acompañado de algo de comida, con el fin de evitar los efectos perversos del alcohol en aquéllos que normalmente bebían y, en su mayoría, no comían a la vez por falta de medios económicos”. Sí señor, “Sabio” designio, sea o no atribuible el origen de esto de tapear a Alfonso de Castilla, no hace falta añadir por demás la inclinación que hacia los libros profesaba este rey.
 
 Se trata pues cual mixtura, de libros, de vino, y siguiendo el mandato del sabio rey también de comer. Y de lugares donde disfrutar de esta combinación, y si se tercia de la muy posible “conviá” (como se conoce en Jerez al acto de invitar al prójimo); esto puede ocurrir en un buen bar, o mejor tabanco, éste ya en la categoría de rara avis, de esos que pueblan nuestra geografía. Tomando prestado el  dicho popular (modificado su sujeto)  no sólo de libros puede vivir el hombre”, y tras el cerrojazo de rigor nos dirigimos hacia alguno, ya es costumbre, la cual practicamos siempre que podemos. Empero los libros no nos abandonan dejándonos marchar sin más, despidiéndose con un simple “hasta mañana por la mañana” y unas ”buenas noches”. Nos acompañan  en el trasiego nocturno e incluso se van de bares con nosotros.
 En una calle que pasaría desapercibida en cualquier otro lugar del mundo, Pedro Rodríguez del Raño, en su número 5, existe un oasis para los amantes del buen vino de Jerez y de las mejores tapas de la zona; en las inmediaciones del pago conocido como “Olivar de Rivero”  en Jerez de la Frontera, un establecimiento que posee solera y por méritos propios goza de cierta fama, “La Bodeguita de Jesús”,  a esto contribuye  de una forma decisiva  no sólo el ser magnífico despacho de vinos de la tierra que sin dudar lo es, o las buenas tapas y guisos que se pueden degustar, (tan sólo con mencionar su surtido en jamón ibérico, embutidos o quesos bastaría, algunos días, también los chicharrones, buen marisco y pescado adobado; amén de todo ello, hacía el fin de semana, típicos guisos como “cabrillas” o ”menudo” ). También su servicio, encarnado en las personas de José Jesús Figaredo, del que toma nombre el establecimiento, y el equipo de personas que junto a él allí trabajan, siempre atentos, con el talante y  buen hacer del que conoce el oficio, pero sobre todo con la simpatía del que une a esto el ser buena persona, virtudes y condiciones por desgracia de las que muchos otros lugares más renombrados carecen. El que escribe estas líneas aún retiene en su memoria el recuerdo grato de la vez primera que traspasó las puertas de tan pintoresco lugar, ocurrió si la memoria no me falla un domingo al salir del rastrillo que tradicionalmente se instala en la Alameda Vieja de Jerez, gracias a la buena labor de “explorador” de Manuel R. Orellana auténtico descubridor para los amigos de estas excelencias.

 “Casa de postas” se antoja, entendiéndose esto como lugar para repostar si no las caballerizas, sí el ánimo, saciar el apetito  con buenas viandas, y la sed con mejor vino, o con una buena cerveza helada bien tirada que para todo gusto hay.  Compañía agradable o soledad elegida, un buen libro sobre la mesa servida, y al terminar antes de proseguir camino la “de la espuela” pues nunca se debe pedir la última ronda.
  Pero no todo se ha dicho, dejaremos para otra ocasión la descripción de otros lares, de otros establecimientos, de otras propuestas culinarias, de otros libros…

 


Imágenes que acompañan el texto:
   -Detalle de una de las imágenes recogida de una Cantiga de Alfonso X ,miniatura del siglo XIII y autor anónimo, en la que el propio rey aparece junto a otros comensales y servidores comiendo en el hogar de una noble señora, y aunque no verse de tapear en taberna o posada, bien sirve para ilustrar este artículo.
  -Representación de un ”Shakespeare” trasunto de la Literatura disfrutando de un jerez en el marco de un tabanco, dibujo a tinta de José Gil Valencia, 2011.
  -Portada de “El gran libro de la tapa y el tapeo” de Enrique Becerra, publicado por Editorial Almuzara, 2009.

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